Cada mañana tengo la tentación de vulnerar la paz de este proyecto abandonado. Quiero escribir, lo deseo, y se que muchos también querrían hacerlo (aquí). Me aterra como en tantas otras cosas, no estar a la altura de lo que se espera de mí.
Sobre todo no quiero defraudar de nuevo vuestros ánimos y vuestra espera.
Porque aunque unos años son un pequeño lapsus para los de alma inmortal, las creaciones que abortamos en este tiempo pasado tal vez, quien sabe, nunca vuelvan.
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