[...]
...he salido de casa en busca de árboles, con mi pesada hacha al hombro. Mi hacha siempre está afilada, sedienta de madera que desgarrar bajo su filo. Invierno tras invierno, recorro los terrenos más cercanos a mi hogar en busca de un árbol que me proporcione calor en los días de frio intenso, cuando incluso el gallo deja de cantar por las mañanas incapaz de hacer frente a las ventiscas que con frecuencia nos visitan...
...he juntado unas cuantas ramas secas con las que encender un fuego que me conforte mientras llevo a cabo la tala. La tarde está avanzada, un temporal quizás se avecine, pues hay poca luz a pesar de la hora que es. Tras sentarme en una piedra a recuperar fuerzas comiendo algo de lo que llevo en mi zurrón, observo con atención el claro dónde me encuentro, intentando decidir cual de todos los árboles será el que recoja con mi hermoso caballo al día siguiente para llevarlo a rastras hasta mi hogar y poder allí limpiarlo y preparar la leña. Desconozco si los árboles que me circundan serán buenos para el fuego de mi casa, jamás había estado tan lejos buscando...
...casualmente, mi vista se ha posado sobre un árbol un poco retorcido, sin saber por qué. Me había parecido que estaba seco, sin embargo al acercarme y tocarlo he descubierto que no era la textura de la madera muerta lo que he sentido, como esperaban mis dedos encontrarse. He seguido examinando los alrededores desde mi sitio, pero al volver a mirar el árbol he vuelvo a pensar, sin querer, que estaba seco. Un juego de sombras que el fuego que encendí ha dibujado de repente sobre su tronco me ha hecho estremecerme...
Seguimiento:
[el día siguiente]
...he montado mi caballo para volver al claro que visité la tarde anterior. Al volver pude disfrutar de una embelesadora Luna llena, pero no pude dejar de pensar en lo que sentí entre esos árboles. Debo admitir que hubiese querido derribar aquél torcido que primero llamó mi atención. Pero algo me obligo a esperar a hoy para hacerlo. Pero al llegar al lugar, justo antes de levantar el filo ejecutor, una curiosidad como nunca he tenido me ha empujado a arrancar un poco de la corteza, para conocer de que madera está lleno su interior. Más he tenido una desilusión: no he podido arrancar con mis manos nada. La capa protectora se mostraba impenetrable ante mis esfuerzos por conocer el misterio del árbol retorcido...
[la primavera siguiente]
...este invierno he tenido calor gracias al fuego del que pocos días he podido prescindir. Finalmente no corté el árbol retorcido, pues al igual que la primera vez que lo vi algo me retuvo antes de cortarlo, la segunda también deje de hacerlo, y otro normal y corriente ocupo su lugar, como siempre ha sido invierno tras invierno. Más algo ha echo que por un motivo u otro, ha venido a mi mente el recuerdo, y sigue viva la curiosidad de saber que secreto esconde ese árbol misterioso. Quizá algún día me decida a verlo de nuevo.
[al fin de la primavera]
...he salido a caminar bajo un sol que calienta mi rostro y me reconforta en el frescor de la mañana. El verano está cerca, pronto los campos serán amarillos, y podremos recoger grano y festejar la buena cosecha. He llegado, sin darme cuenta, al claro que visité meses atrás. Sobre la roca que descansé ha crecido musgo, pero dónde hice el fuego todavía no hay vegetación. Tras buscar activamente con la mirada el árbol retorcido, se ha dibujado en mi cara una expresión de sorpresa. El árbol verdea, y no solo hace gala de ramas y hojas nuevas como nunca vi antes, si no que de él cuelgan unas manzanas dignas de los jardines de un noble, de un color rojo intenso y obscuro, y de un brillo provocador. Al caminante sediento, se le antojan un manjar exquisito, y una tentación inevitable...
...hubiera gustado de cogerlas todas, de cargar mi carro con un cesto lleno de ellas. Pero mi zurrón me daba espacio solo para tres, y el camino hacia mi hogar era largo. Al llegar a casa, no he podido evitar comerme una y al acostarme una segunda.
Al acercarla a mi nariz un olor irresistible ha penetrado mis fosas nasales y ha excitado mi gusto. Al poner la manzana en contacto con mis labios, un pequeño escalofrio ha recorrido mi cuerpo, mi boca se ha abierto y mis dientes han mordido la tensa piel roja. He desgarrado con impaciencia la fruta, y por fin la carne deliciosa ha llenado mi boca. He dejado que el alimento frote mi lengua y su jugo resbale entre mis dientes y he experimentado el sabor de la vida y el dulce aroma de las manzanas más apetecibles que antes cayeron en mis manos...
[al día siguiente]
...hace horas que ha salido el sol pero sigo en mi cama sin poder levantarme, una gran debilidad acusa cada una de las partes de mi cuerpo, Desde donde estoy tumbado puedo observar la tercera manzana que no me comí anoche. Al instante entiendo que han sido las manzanas las que me han causado el malestar, y confio en sanar pronto para poder dedicarme a mis labores diarias...
[una semana después]
...mi corazón sigue falto de fuerzas y ahora se que mi alma está envenenada. Los siete días anteriores han sido una eternidad para mí. Estos dos últimos la degeneración de mi cuerpo se ha acelerado. La hora de mi muerte se aproxima, de eso no tengo duda, pues no ha habido una noche en la que no tenga visiones extrañas sobre cosas que desconozco. Todos los que han venido a visitarme dicen que nunca han visto nada igual. Sin embargo no temo el momento de la muerte, pues será ciertamente una liberación. Ahora que se que el fin es inevitable, les he pedido a mis próximos un último favor antes de morir. Han pensado que soy extravagante, pero han accedido porque me aprecian y saben que ya nada pueden hacer por mi.
La manzana que quedaba sigue estando en perfecto estado a pesar del calor de esos días. La he escondido en mi cama para evitar que nadie decida probarla...
[tres días después]
...me muero, me estoy muriendo, no se si serán horas o minutos, pero el veneno me impide abrir los ojos, y a penas puedo gesticular. Antes de cerrarlos definitivamente alcanzo a ver el féretro que me han construido para el descanso eterno, con la madera del árbol retorcido que un día se cruzó en mi camino. El resto del árbol arderá, pero la parte que yo un día no alcanzé a ver guardará mis restos hasta el fin del mundo...
[con los brazos apretados contra el pecho, a la altura del corazón, sin que nadie pudiera separarlas, las manos apretaban una manzana roja, fresca y obscura, que así hubieron de quedar al cerrar la tapa de la tumba]
Autor: Némesis
| « Luna de Sangre o la ardua labor de reactivar un corazón parado | Dark Shadows: Tim Burton y Johny Depp recrearán una serie gótica de la década de los 60 » |
Comentarios recientes