"...estaba yo sentado, a la entrada de mi casa una calurosa tarde de verano. Disfrutaba del tiempo tranquilo y apacible que precede a la siega. Vi acercarse a lo lejos una pequeña caravana de algún comerciante que de seguro andaba en algún viaje de negocios.
Ofrecile mi hospitalidad, como demanda mi religión -la judía- y él accedió a quedarse a pasar la tarde y la noche en el terreno contiguo a mi morada. Me compensó con varios regalos, entre ellos su buena compañía, y entre las largas y tendidas conversaciones que mantuvimos, quedo en mi memoria esta leyenda que me relató como sigue:
Seguimiento:
- Dicen los sabios y alguno de los hombres más ancianos de nuestra raza, que lo saben por boca de algún mensajero de Yavéh, querubín o ángel seguramente, que en ocasiones cuando el Señor con sumo amor va a crear un nuevo ser humano, le sucede que imagina uno con rasgos peculiares, algo extraño, con pinceladas distintas a los demás. Antes de ver la creación terminada, le gusta tanto su obra que le cuesta decidir si la criatura será hombre o mujer, ya que cada cual aportará a ese ser unos matices ciertamente diferentes.
A falta de consejero que opine y le saque de dudas, Yavéh mira la luna, y si es creciente dice "¡Sea hombre!" y si es menguante dice "¡Sea mujer!", e inmediatamente finaliza su trabajo.
Más sucede en ocasiones que mira la luna y se encuentra que es llena, y embelesado por el astro blanco que el mismo creó, dice ¡¡ ni por hombre ni por mujer puedo decidirme, sean ambos para que no se pierda lo que con tanto amor he modelado !!.
Determina Dios entonces para unos que nunca se lleguen a conocer, y los pone en familias diferentes, algunos también muy alejados, incluso en naciones distintas. Se cuenta que algunos se ven separados hasta por generaciones, y nunca llegan a saber del otro.
Sea como sea, los que llegan a encontrarse, descubren que esto es cierto, pues creen conocer a la otra persona en muchas cosas tan bien como a si misma, y si no llegan a acabar las palabras que el otro empieza, algunos llegan a confundir sus propios pensamientos con los de su alma melliza, y lo que es más importante: descubren un espejo para sus sentimientos.
[...]
El comerciante concluyó su relato explicando que el tenía todo lo que podía desear en la vida, pero no había encontrado un amigo con quien compartir los atardeceres, los momentos de reflexión, la risa y el llanto... por ello había salido a buscar lo que otros ya habían encontrado, y por eso le rogaba a Dios que no le permitiera volver a su hogar con las manos vacías.
Desde aquél día no pude no menos que mirar la luna llena con melancolía, preguntándome si no tendría yo ese alma gemela y si acaso podría también yo encontrarla."
| « Autumn Clan | Iliana Valencia, obra: Extraña Libertad » |
Comentarios recientes